Resumen
Introducción
En el año 2000, una conocida marca de muebles sueca lanzó al espacio publicitario su nueva campaña con el lema: “Adopta un niño: redecora tu vida” con el objetivo, según los publicitarios, de fomentar la solidaridad, los valores progresistas y las familias abiertas. A pesar de que el anuncio fue retirado como resultado de a la presión de las asociaciones de padres, ahí quedó el mensaje. Por otro lado, este mismo verano, las revistas rosas de toda España nos han informado con mucho detalle de la adopción de unas gemelas cuyo material genético, cuidados médicos durante el embarazo y nacimiento había sido cuidadosamente seleccionado y preparado para dar a esta madre dos niñas de pecho a las que cuidar. Y de nuevo el mensaje ha quedado impreso en las retinas del español medio.
Estas dos imágenes me servirán para ilustrar los dos extremos en los que se mueve la imagen que se ha ido configurando de la adopción en España en los últimos diez años. Por un lado la adopción como un gesto de solidaridad. Por otro lado, un método de reproducción asistida al que acudir para tener un hijo cuando la biología y las nuevas técnicas de fecundación han fracasado. Por un lado una experiencia absolutamente diferente de la paternidad que honra y reviste de valores solidarios, por otro lado, una experiencia absolutamente igual y que debe acortar, cada vez más la distancia, entre tener un hijo biológico y uno adoptado. La tensión entre ambos polos quedaría resumido en una sola demanda: ¿Por qué habiendo tantos niños sufriendo injusticias en el mundo no consiguen deprisa y con pocos costes uno pequeño, sano y sin traumas para mí?
Esta visión social de la adopción no es la de las familias adoptantes en su mayoría y, sin embargo, está presente en los discursos de la gente de la calle, en las personas que conviven con las familias y con los niños, en algunos momentos de la vida de los propios adoptantes, en muchos de los que se acercan a la adopción y luego dan marcha atrás y, desgraciadamente, también aunque no en estado puro, en las motivaciones y expectativas de algunas de las familias que acaban adoptando. No en vano la cultura general sobre la paternidad y la adopción influye en las actitudes y en los modos de afrontamiento de los padres adoptivos y, finalmente, en la adaptación de los menores que son adoptados.
Esta cultura de la adopción tan confusa que entremezcla la adopción como gesto de solidaridad con la adopción como técnica reproductiva es en parte consecuencia, pero también causa, del modo tan espectacular e irreflexivo en el que se ha dado la evolución de la adopción internacional en España.
Como sabemos, en menos de diez años España ha pasado de considerar la adopción internacional como una opción de “familias aventureras” a considerar la familia-con-hijo-adoptado una familia modelo en la publicidad (válida para anunciar coches, compresas, meriendas infantiles o electrodomésticos) una familia deseada y normativa, convirtiéndose así en la principal potencia adoptante del planeta. Sin embargo, esta revolución que se conoce como el boom de la adopción internacional, se ha dado sin el suficiente conocimiento del fenómeno, sus objetivos, su especificidad y sus riesgos y acompañado de esta cultura de la adopción tensionada y poco realista.
En España, como apunta Julio Iglesias de Ussel, se puede observar que todos los cambios sociales (en materia de familia, incorporación de la mujer al mercado laboral, sociedad civil en general) se han dado en un espacio de tiempo muy corto con las disfunciones y cambios generacionales superpuestos que eso conlleva.
Sin embargo, en los países europeos con más experiencia en el campo de la adopción, son distintos los procesos y las generaciones de padres que se han sucedido hasta llegar a la concepción actual de la adopción. René Hoksbergen1 ha estudiado estos cambios sociales definiendo así la generación tradicional cerrada (1950-1970), la generación optimista-idealista (1971-1981), la generación materialista-realista (1982-1992) y por último la generación optimista-demandante (desde 1993) que sería la generación actual de padres adoptantes europeos.
La generación consumista
En España podríamos definir la generación actual de padres adoptantes como la generación consumista. En ella se pueden observar muchas de las características de la adopción optimista-demandante, compartidas por el resto de los europeos, pero al tiempo, se siguen dando algunas de las características de las generaciones anteriores. Esta generación consumista en adopción estaría definida por cinco influencias básicas que configuran también sus riesgos:
1- La definición cultural sobre la paternidad y la maternidad y la consideración social de los hijos como bienes de consumo dentro del plan de vida familiar.
2- Los problemas de infertilidad a nivel social que han convertido la infertilidad en un problema habitual y la adopción como una vía más de acceso a la paternidad.
3- La solidaridad como impulso personal al alcance de cualquiera más que como compromiso estructural.
4- El adoptante como consumidor con derechos y reclamaciones y el papel de las redes de adoptantes en la configuración de los servicios de adopción.
5- La influencia de los medios de comunicación social con su presentación de la adopción como algo deseable y como posible solución a la situación de la infancia empobrecida.
¿Solidaridad con la infancia o reproducción asistida?
La tensión entre la solidaridad con la infancia frente a la reproducción asistida debería resolverse desligando ambas tendencias de su carácter consumista y tomando aquello que encierran de positivo ambas tendencias.
De la solidaridad con la infancia habríamos de tomar el compromiso con el niño que ya existe y la empatía por su situación y respeto por sus derechos, de la reproducción asistida deberíamos entender la importancia del deseo de ser padres como motivación principal de la adopción y único modo de ofrecer a los niños privados de familia de aquello que realmente necesitan: unos padres. Sería así como la cultura de la adopción se configuraría como un verdadero recurso de protección del menor.